lunes, febrero 14, 2005

Sobre hombros de gigantes.

La Royal Society supo de Newton a causa del interés que éste setía por la luz. No se trataba de su nueva teoría sobre la formación de los colores, sino de su habilidad práctica como inventor y constructor del primer telescopio que utilizaba un espejo en lugar de un sistema de lentes para enfocar la luz. El sistema sigue siendo ampliamente utilizado, y es conocido en nuestros dias como reflector newtoniano. Cuando los doctos caballeros de la Society vieron el telescopio en 1671 les entusiasmó tanto que en 1672 Newton fue elegido numerario de la Society. Complacido a su vez por tal honor, Newton presentó aquel mismo año en la Sociedad un artículo sobre la luz y los colores. Robert Hook, que fue el primer "conservador de experimentos" de la Royal Society y es hoy recordado por la ley de elasticidad que lleva su nombre, era considerado (sobre todo por él mismo) como especialista en óptica de la Society (por no decir de todo el mundo); su respuesta al artículo de Newton consistió en una crítica concebida en términos paternalistas que hubieran sin duda molestado a cualquier investigador joven. Ahora, Newton jamás había podido soportar ninguna clase de crítica, ni logró aprender a soportarla, y los comentarios de Hooke le exasperaron y enfurecieron.
Pero a principios de 1675, durante una visita a Londres, Newton oyó decir a Hooke, como él pensaba, que ahora aceptaba la teoría de Newton sobre la formación de los colores. Ello le animó lo suficiente para ofrecer a la Society un segundo artículo sobre la luz, en el que escribía la producción de anillos de luz (hoy conocidos por anillos de Newton) por una lente separada de una lámina plana de cristal por una película de aire. Hooke se quejó inmediatamente, tanto en privado como en público, de casi todas las ideas presentadas por Newton a la Society en 1675 no eran en modo alguno originales, sino trabajos suyos que le habían sido robados. En la subsiguiente correspondencia con el secretario de la Society Newton negó rotundamente y afirmó, contraatacando, que en todo caso, el trabajo de Hooke procedía, en sustancia, de René Descartes.
A punto de estallar una disputa fenomenal, Hooke, presionado al parecer por la Sociedad, le escribió a Newton una carta que podríamos considerar conciliadora (si el lector fuera caritativo) pero en la que todavía se las arreglaba para repetir todas sus alegaciones y para dar a entender que Newton, a lo sumo, meramente había atado algunos cabos sueltos. Fue esta misiva la que provocó el famoso comentario de Newton en el sentido de que si había visto más allá que otros hombres fue porque había subido sobre hombros de gigantes.
Tradicionalmente se ha interpretado que esta observación es indicativa de la modestia de Newton y de su reconocimiento a científicos anteriores como Johannes Kepler, Galileo y Descartes, que habían establecido las bases en que se fundaban sus leyes del movimiento y su gran trabajo sobre gravitación-- lo que no encaja, porque en 1675 Newton no había dado a conocer públicamente sus ideas al respecto. En todo caso, la acusación de modestia no pega con un personaje tan esquinado e incluso tan arrogante como Newton, aunque es fácil ver que a las generaciones posteriores debió agradarles esa interpretación, ¿Cuál fue, pues, el origen del comentario?

En 1987, dentro de las celebraciones que señalaron el tricentenario de los Principia, la Universidad de Cambridge organizó un simposio de una semana, durante la cual eminentes científicos de todo el mundo pusieron al día la historia de la gravitación. En dicho simposio, John Faulkner, investigador británico hoy asentado en el Lick Observatory, en California, expuso una nueva y persuasiva interpretación de lo que Newton pretendía decir en aquella frase, basada en un examen crítico de los documentos relativos a la disputa con Hooke que el propio Faulkner realizó; ni estaba tampoco aludiendo a Kepler y a Galileo, ni a su trabajo sobre gravitación, sino que se refería en realidad a su trabajo sobre luz.
Las plabras de Newton en una carta a Hooke de fecha 5 de febrero de 1675 parecen haber sido elegidas con especial cuidado, teniendo presentes sus desavenencias anteriores y que el aspecto personal del propio Hooke era manifiestamente poco atractivo.
Valiéndose de citas de contemporáneos de Newton y Hook en el siglo XVII, entre ellos varios amigos de Hook, Faulkner creó un retrato de Hooke que a nada se parece tanto como a la caricatura que William Shakespeare hizo de Ricardo III; un Hooke encorvado, casi un pigmeo. Pero incluso descontado lo que pueda haber de exageración, no cabe duda de que Hook era un hombre pequeño.
En este contexto, dice Faulkner, las frases de la carta de Newton que preceden a su comentario sobre gigantes lo presentan bajo muy distinta luz. Tengamos presente que esta carta no era, después de todo, una nota apresurada y dirigida a un amigo, sino una carta formal redactada a instancias de la Royal Society para resolver públicamente una disputa embarazosa entre dos de sus miembros. Newton hubo sin duda de elegir cuidadosamente sus palabras para conseguir tal objetivo, pero en vista de su conducta anterior, parece más que probable que, como Faulkner sugiere, pusiera igual cuidado en lo que se pudiera leer entre líneas. He aquí las frases relevantes, más el sentido que podrían dar a entender según la interpretación de Faulkner:
"Lo que Des-Cartes hizo fue un buen paso."(Léase: él lo hizo antes que usted) "Es mucho lo que usted ha aportado en diversas formas, especialmente al tomar en consideración filosófica los colores de láminas delgadas." (Interpretación: usted no ha hecho más que seguir por donde iba Descartes.) "Si yo he visto más lejos ha sido subiéndome a hombros de Gigantes." (Interpretación, prestando atención especial al cuidadoso uso que hace Newton de la 'G' mayúscula: mi investigación nada debe a nadie salvo a los antiguos, y menos que a nadie, a un enano como usted.)
Tomando el intercambio de cartas sin mayor crítica, se consiguió lo que la Society pretendía: verter públicamente aceite en las aguas agitadas y restablecer la respetabilidad de las relaciones entre sus miembros. Pero el resultado fue que tras este encuentro, Newton se encerró más todavía en su concha. Esperó pacientemente a que Hook muriera ( lo que ocurrió en 1703) antes de publicar su Opticks en 1704 y poder decir tranquilamente la última palabra. Sólo a causa de la intervención de su amigo Edmund Halley, el mismo del cometa, se sintió Newton compelido a publicar en 1687 la más grande de sus obras, los Principia, doce años después de la segunda disputa con Hooke. Para entonces, el núcleo de la obra tenía ya más de veinte años.

"Sacado del libro, En busca de la frontera del tiempo, de John Gribbin."

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